viernes, 25 de mayo de 2012

El enigma de Sirio B

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Los dogón, una tribu africana de Malí, poseen una serie de conocimientos astronómicos muy curiosos, entre los que se encuentra su increíble historia sobre la creación del mundo:




Una estrella muy pesada e invisible, llamada Po Tolo, al astro más brillante del firmamento, Sirio. Esta estrella contiene la esencia de todas las cosas, es la Creadora del Universo.




Según su mitología, nuestro Sol y Sirio son dos soles hermanos, que asocian a su teogonía tribal, que al igual que la egipcia, se fundamenta en la existencia de dos gemelos primordiales. Cada uno de los soles ha formado su propio sistema estelar, y el de Sirio está formado por tres elementos: Sirio A (la estrella principal), Sirio B (Po Tolo, solo visible mediante un potente telescopio) y Sirio C (llamada Emme Ya). Sirio B gira en torno a Sirio A, y cada 50 años, los dogón celebran su ceremonia más importante, llamada Sigui, marcada por la aparición de Sirio B entre los picos de dos montañas, que simbolizan a los dos embriones primordiales. En esta ceremonia se colocan sus extrañas máscaras, una de ellas, el Nommo, no la lleva nadie pues representa al ser primordial que inició la cultura dogón. Una vez acabada la ceremonia, la máscara del nommo es quemada y dentro de otros 50 años, reemplazada por una nueva.


Los antropólogos franceses Griaule y Dieterlen descubrieron que los dogon conocían desde hacía miles de años la órbita de Sirio con bastante precisión, así como otros datos, como las cuatro lunas de Júpiter y el anillo de Saturno, que son descubrimientos relativamente modernos para la ciencia.

Se intentó explicar este caso alegando las influencias de los occidentales en las tribus africanas, que podrían haber transmitido la información sobre Sirio (descubierta en 1862), pero esta estrella no fue estudiada hasta 1920, cuando los dos antropólogos ya habían descubierto la presencia de esta estrella en la mitología de los dogón, por lo cual esta teoría no tiene mucho sentido.

En 1975, Robert Temple publicó El misterio de Sirio, donde plantea la hipótesis de que los dogón hubieran adquirido sus conocimientos gracias a informaciones alienígenas, ya que en uno de los rituales de la tribu en los que él toma parte asegura haber presenciado la teatralización del aterrizaje de una nave espacial, en la cual unos seres parecidos a peces, llamados nommo, provenientes de Sirio B, descienden de ella.

Estatuilla de un nommo
de unos 3000 años de antigüedad

Esta teoría tuvo numerosas críticas, pues se creía que su autor había interpretado la información subordinándola a sus intereses.


A día de hoy todavía sigue siendo un misterio cómo una tribu africana conoce la órbita exacta de una estrella tan particular, pues Sirio B no es una estrella común, sino una "enana blanca", es decir, restos de estrellas normales que vivieron algunos centenares o miles de millones de años y que después de violentos cambios solo conservaron su partes centrales, calentadas al haberse contraído súbitamente pero desprovistas de combustible nuclear capaz de proveer nueva energía. Tanto Sirio A como el Sol terminaran sus vidas como enanas blancas, estrellas superdensas y extremadamente calientes que se enfrían lentamente hasta perderse en la oscuridad del cielo.
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